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En busca de la capital perdida del último reino Inca

Espíritu Pampa y el territorio inexplorado

Peter Frost, Hemming, Edmundo Guillén y otros autores, publicaron mapas que, siguiendo la tesis de Savoy, ubican los restos Vilcabamba la Grande en Espíritu Pampa. Y en todos estos mapas se repite un error heredado del mapa de Raimondi y de los mapas elaborados por los topógrafos de Bingham; en los cuales la parte occidental del distrito de Vilcabamba aparece muy disminuida.

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Ninguno de ellos se preocupó de comprobar si el río Apurímac estaba donde lo habían imaginado; y en realidad está mucho más al oeste. Y en esta zona ignorada por otros investigadores es donde nosotros hemos descubierto el emplazamiento de Hatun Vilcabamba.

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Observando la imagen real del distrito de Vilcabamba con Google Earth podemos trazar una línea recta desde Machu Pichu hacia el oeste y comprobaremos que Vilcabamba la Nueva está a 46 kilómetros de Machu Pichu; pero en realidad el río Apurímac está a 92 kilómetros al oeste de Machu Picchu, siguiendo esa misma línea.

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Un arquitecto y alpinista de Wyoming llamado Vicent Lee, seducido por las narraciones de Savoy, le visitó en Reno en 1983 y dedicó varios años a recrear en dibujos los descubrimientos que había proclamado en relación con Espíritu Pampa. Aunque en sus mapas Vicent Lee incluye algunos graves errores. En su plano de Espíritu Pampa sitúa Marcanay, el lugar donde descansó la última noche el ejército español, a sólo cincuenta metros del núcleo de Vilcabamba la Grande con un desnivel de cinco metros.

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¿Alguien puede imaginar que el ejército de Hurtado de Arbieto pasara la noche en aquel lugar contemplando el resplandor del incendio, para entrar al día siguiente a pie porque el terreno no permitía el uso de caballos?

Investigadores y turistas llegaban a Espíritu Pampa con sus mulas y aceptaban sin discusión la tesis de Savoy; pero alguien señaló la contradicción. El catedrático e historiador cusqueño Víctor Angles Vargas, tras visitar Espíritu Pampa, afirmó que aquel lugar no podía ser el asentamiento de Vilcabamba la Grande, porque era muy fácil el acceso al lugar y este hecho no se correspondía con la descripción histórica de la capital Inca perdida.

Nosotros llegamos a Espíritu Pampa en 1997, también con mulas y caballos, y comprendimos que Angles tenía razón, aquel lugar tan llano e indefenso al que habíamos llegado siguiendo el río Concebidaioc, era muy distinto a la descripción histórica de Vilcabamba la Grande, de acuerdo con la documentación de los siglos XVI y XVII. Que Espíritu Pampa no podía ser Vilcabamba se hacía evidente con la lectura del Acta de Ocupación de Vilcabamba y con otros documentos, como la Historia General del Perú escrita por Fray Martín de Murúa a comienzos del siglo XVII, publicada en su versión completa por Manuel Ballesteros en 1961, tras la recuperación de la copia original hallada en el archivo Wellington.